sábado, 3 de noviembre de 2007

Biblioteca: José Watanabe

El fósil

La vida en ti fue en pez de 20 centímetros.
Tu remoto latido, hoy petrificado,
vive ahora en mi cuerpo tan inverosímil como el tuyo.

Tú ya no puedes mirarte ni mirarme, no sabes
lo extraño que es ser pez u hombre.
Somos, te digo, inverosímiles, caprichos
de una madre delirante
que cuaja infinitas e insensatas formas en el mar y la tierra.

El ruido alegre de los niños en el museo
que se empinan a mirar otros fósiles
interrumpe mi habitual pesimismo, y me enternece:
después de todo, pescadito, tal vez alguna razón existe.


José Watanabe (publicado en la revista El poeta y su trabajo, México, Nro. 24, invierno de 2007)





La oruga

Te he visto ondulando bajo las cucardas, penosamente, trabajosamente,
pero sé que mañana serás del aire.

Hace mucho que supe que no eras un animal terminado
y como entonces
arrodillado y trémulo
te pregunto:
¿sabes que mañana serás del aire?
¿te han advertido que esas dos molestias aún invisibles
serán tus alas?
¿te han dicho cuánto duelen al abrirse
o sólo sentirás de pronto una levedad, un turbación
y un infinito escalofrío subiéndote desde el culo?

Tú ignoras el gran prestigio que tienen los seres del aire
y tal vez mirándote las alas no te reconozcas
y quieras renunciar,
pero ya no: debes ir al aire y no con nosotros.

Mañana miraré sobre las cucardas, o más arriba.
Haz que te vea, quiero saber si es muy doloroso el aligerarse para volar.
Hazme saber
si acaso es mejor no despegar nunca la barriga de la tierra.


José Watanabe (Historia natural, 1994)




Los tablistas


Mirándolos
una alegría reemplaza a mi antigua ojeriza.
Yo no los envidio, muchachos,
porque ahora
traer mis huesos y tumbarlos en la orilla caliente
es bastante.
Ustedes sigan equilibrando contentos
en la cima
de la ola que revienta, repitiendo
el escarceo primitivo: vienen
a la playa
y vuelven al océano porque todavía no es tiempo
de ser animales de la tierra.

Más tarde, ya noche,
se irán por las autopistas
con el cuerpo reciente, siempre reciente, la tabla
en la parrilla de los autos, en su funda o envuelta
en trapos
como un muerto que encontraron tumbado
en la orilla caliente.


José Watanabe (Cosas del cuerpo, 1999)





El maestro de kung fu

Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente a los arenales de Barranco
Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.
Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.
Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.



José Watanabe (Cosas del cuerpo, 1999)




Interior de hospital


Cómo envidiamos el largo cuello
de las garzas que se posan en la cumbrera.
Ellas pueden doblar el cuello y dormir sobre la música
de sus corazones.
Nuestros latidos están en la línea verde del monitor cardiaco
y son el ansia que miramos.

Las garzas pueden alzar el cuello como persicopios
cuando sienten el paso de otro nivel de aire. Y ya verán
si lo viajan o lo dejan seguir al Báltico helado.
Ah, si nosotros, pájaros de camisón blanco,
pudiéramos estirar el cuello
por encima de esta lenta y dolorosa danza...!
Aquí la realidad se presenta como un sutil cambio de niveles,
pero me falta atrevimiento
para asomar mi cabeza a un conocimiento definitivo:
Sólo ignoro y respiro.
A veces siento el paso de una realidad primera y prodigiosa
y me encojo.
para que no se lleve mi cabeza, o la seccione.

En Berlín una cabeza volando es cosa indiferente.
En mi pueblo es un mito peligroso.

José Watanabe (Historia natural, 1994)




Desagravio (i. m.)

Por un flanco débil
y breve,
entre su seno y su axila,
mi madre era tierna.

Qué olor tan profundo, basal y glandular.
Su ternura
tenía intensa biología.

¿Por qué le exigías más,
ojo con lágrimas?

José Watanabe (Cosas del cuerpo, 1999)




José Watanabe (Laredo 1946_ Lima 2007): Hijo de campesinos, de madre peruana y padre japonés (de quien aprendió el arte del haiku), publicó los libros de poemas, Album de familia (1971), El Huso de la Palabra (1989), Historia Natural (1994), Cosas del cuerpo (1999), El guardián del hielo (2000), Habitó entre nosotros (2002), La piedra alada (2005) y Banderas detrás de la niebla (2006). Su obra de teatro, Antígona (2000) es una extraña versión de la tragedia de Sófocles. Fue también guionista de cine.
En http://palabravirtual.com/ hay una selección de sus poemas y además, puede escucharse a Watanabe leyendo algunos de ellos. "El estilo es el lugar donde poso mi alma" es una entrevista que le hiciera Alonso Raí Do Carmo, y puede leerse en http://dramateatro.fundarte.arg.org.ve/.

2 comentarios:

Mallo dijo...

Hay un reportaje a Watanabe bastante largo aquí: http://www.rpp.com.pe/portada/entretenimiento/74971_1.php.
Lee algunos poemas.

Saludos,

M.
http://eldiainvisible.googlepages.com

jorge chiesa dijo...

A watanabe lo descubrí gracias a Ana (aprovecho para agradecerte el descubrimiento)y me dio mucha pena saber que se murió. Apenas uno o dos años atrás conseguí en acá en Mar del Plata, Elogio del Refrenamiento; me salió un ojo de la cara pero no me importó. Hay gente que vende libros que no sabe lo que vende. Es el único libro de Watanabe que tengo y no creo poder conseguir otro. Por eso no lo presto. Gracias otra vez, y salud.