miércoles, 21 de noviembre de 2007

paisaje 8

otra vez la luna: hoy miércoles, 22.38 hs.

paisaje 7

La luna, hoy miércoles, 22. 39 hs.

lunes, 19 de noviembre de 2007

movimiento 5

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19 de noviembre, 11.30 hs.

movimiento 4

video

19 de noviembre, 7.30 hs. geranios y agua.

paredes 2


mdp, una playa de La Perla.

movimiento 3

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mdp, domingo 18 de noviembre, 13.12 hs. chacabuco y 20 de septiembre.

domingo, 18 de noviembre de 2007

paisaje 6

4.

parapeto
de nalgas
bien destacadas,
uniformes, rancia
la grasa, indivisa
en su reflejo:

despeja el lunes,
temprano y sajan
sin reparo en
la babesia bovis;

la pieza
involuntaria, dócil
en la mistura,

al desarme
fascias cuando
ceden sus cadenas
de conexión;

sangres
que estipulan
al rombo del mosaico
su caricatura

(sin clamor
anidan, reacios
y abanderan la lengua
si se habla
del asunto, espartas
frigoríficos)

por esos
días el acero,
el ir por partes:
decomiso de vísceras
en bajo sostén,

el corte
ya sin gremio
de ruta, afeites
friccionando
el índice de cueros,
res en trasiegos
de facturación
impar: licencias,

excedentes,
secciones de pezuñas
que tropiezan
en la intervención;

urbes, balances:
ejercicios,

en ensamble
el filo sin sutura,
las reses y sus
ojos de vinagre
o manzana, listas
-yuxtapuestas
en el amor,
cansadas.

(Carlos Ríos, Media Romana, La Plata, Ediciones el broche, 2001)

miércoles, 14 de noviembre de 2007

paisaje 5

EL CANTOR

Como el que
sin voz
estudia
canto.

Como el que
en el Canto
estudia
esa otra voz.

Como el que
sin voz
canta
en la voz

de esa otra voz.


Leónidas Lamborghini, Circus, Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1986.

paisaje 4


..........Puede que cada forma sea un gesto, una cifra, y que
en las piedras se oiga perdurabilidad, fugacidad en los
insectos y la rosa; incluso cada uno de nosotros podrá
pensarse sacerdote de estos y otros símbolos, cada uno
capaz de convertir lo concreto en abstracción, lo invisible
en cosa, movimientos. Pero de rebatir o dar crédito a tales
razones, sé que ahora, al menos, no me conviene
interpretar mensajes en nada, ni descifrar lo que en las
rachas del aire viene y no perdura (la imagen nítida,
pestilente, de los sábalos exangües sobre los mostradores
de venta, en la costa).

(Daniel García Helder, “Sobre la corrupción”, Diario de poesía, Nro. 4, marzo 1987)

lunes, 5 de noviembre de 2007

paisaje 3


EL BUEN SENTIDO

Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande.

Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar.

La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tanto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados.

Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí? Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: Parece hermano menor de su madre! Fuere por lo que yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más!

Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste. Más se pusiera triste.

—Hijo, cómo estás viejo!

Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo!

Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo:

—Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande.

La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.


(César Vallejo, Poemas humanos, 1923-1938)

sábado, 3 de noviembre de 2007

Biblioteca: José Watanabe

El fósil

La vida en ti fue en pez de 20 centímetros.
Tu remoto latido, hoy petrificado,
vive ahora en mi cuerpo tan inverosímil como el tuyo.

Tú ya no puedes mirarte ni mirarme, no sabes
lo extraño que es ser pez u hombre.
Somos, te digo, inverosímiles, caprichos
de una madre delirante
que cuaja infinitas e insensatas formas en el mar y la tierra.

El ruido alegre de los niños en el museo
que se empinan a mirar otros fósiles
interrumpe mi habitual pesimismo, y me enternece:
después de todo, pescadito, tal vez alguna razón existe.


José Watanabe (publicado en la revista El poeta y su trabajo, México, Nro. 24, invierno de 2007)





La oruga

Te he visto ondulando bajo las cucardas, penosamente, trabajosamente,
pero sé que mañana serás del aire.

Hace mucho que supe que no eras un animal terminado
y como entonces
arrodillado y trémulo
te pregunto:
¿sabes que mañana serás del aire?
¿te han advertido que esas dos molestias aún invisibles
serán tus alas?
¿te han dicho cuánto duelen al abrirse
o sólo sentirás de pronto una levedad, un turbación
y un infinito escalofrío subiéndote desde el culo?

Tú ignoras el gran prestigio que tienen los seres del aire
y tal vez mirándote las alas no te reconozcas
y quieras renunciar,
pero ya no: debes ir al aire y no con nosotros.

Mañana miraré sobre las cucardas, o más arriba.
Haz que te vea, quiero saber si es muy doloroso el aligerarse para volar.
Hazme saber
si acaso es mejor no despegar nunca la barriga de la tierra.


José Watanabe (Historia natural, 1994)




Los tablistas


Mirándolos
una alegría reemplaza a mi antigua ojeriza.
Yo no los envidio, muchachos,
porque ahora
traer mis huesos y tumbarlos en la orilla caliente
es bastante.
Ustedes sigan equilibrando contentos
en la cima
de la ola que revienta, repitiendo
el escarceo primitivo: vienen
a la playa
y vuelven al océano porque todavía no es tiempo
de ser animales de la tierra.

Más tarde, ya noche,
se irán por las autopistas
con el cuerpo reciente, siempre reciente, la tabla
en la parrilla de los autos, en su funda o envuelta
en trapos
como un muerto que encontraron tumbado
en la orilla caliente.


José Watanabe (Cosas del cuerpo, 1999)





El maestro de kung fu

Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente a los arenales de Barranco
Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.
Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.
Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.



José Watanabe (Cosas del cuerpo, 1999)




Interior de hospital


Cómo envidiamos el largo cuello
de las garzas que se posan en la cumbrera.
Ellas pueden doblar el cuello y dormir sobre la música
de sus corazones.
Nuestros latidos están en la línea verde del monitor cardiaco
y son el ansia que miramos.

Las garzas pueden alzar el cuello como persicopios
cuando sienten el paso de otro nivel de aire. Y ya verán
si lo viajan o lo dejan seguir al Báltico helado.
Ah, si nosotros, pájaros de camisón blanco,
pudiéramos estirar el cuello
por encima de esta lenta y dolorosa danza...!
Aquí la realidad se presenta como un sutil cambio de niveles,
pero me falta atrevimiento
para asomar mi cabeza a un conocimiento definitivo:
Sólo ignoro y respiro.
A veces siento el paso de una realidad primera y prodigiosa
y me encojo.
para que no se lleve mi cabeza, o la seccione.

En Berlín una cabeza volando es cosa indiferente.
En mi pueblo es un mito peligroso.

José Watanabe (Historia natural, 1994)




Desagravio (i. m.)

Por un flanco débil
y breve,
entre su seno y su axila,
mi madre era tierna.

Qué olor tan profundo, basal y glandular.
Su ternura
tenía intensa biología.

¿Por qué le exigías más,
ojo con lágrimas?

José Watanabe (Cosas del cuerpo, 1999)




José Watanabe (Laredo 1946_ Lima 2007): Hijo de campesinos, de madre peruana y padre japonés (de quien aprendió el arte del haiku), publicó los libros de poemas, Album de familia (1971), El Huso de la Palabra (1989), Historia Natural (1994), Cosas del cuerpo (1999), El guardián del hielo (2000), Habitó entre nosotros (2002), La piedra alada (2005) y Banderas detrás de la niebla (2006). Su obra de teatro, Antígona (2000) es una extraña versión de la tragedia de Sófocles. Fue también guionista de cine.
En http://palabravirtual.com/ hay una selección de sus poemas y además, puede escucharse a Watanabe leyendo algunos de ellos. "El estilo es el lugar donde poso mi alma" es una entrevista que le hiciera Alonso Raí Do Carmo, y puede leerse en http://dramateatro.fundarte.arg.org.ve/.

paredes1


Escrito en el muro exterior de la capilla de Nuestra Señora del Huerto, mpd.

movimiento 2

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otra vez el mar: hoy, 10.20 hs.

movimiento 1

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mdp, hoy entre las 9 y las 10 de la mañana: el mar.

jueves, 1 de noviembre de 2007

paisaje 2


"La luz es el primer animal visible de lo invisible."

José Lezama Lima “Las siete alegorías”
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INTRODUCCIÓN
(donde intervienen Aristóteles, Deleuze, Estomba y Ortiz)

el filósofo crea el espacio
y lo llena de sus cosas
la esencia, el ente, reliquias doradas
de su propio bazar,
el devenir de unas con otras,
lirios que se vuelven abejas zumbantes

la esencia frágil y amarilla
del ente
que es
y ahora panal,
espacio,
el territorio

pequeñas

cositas que vuelan

y zumban
expanden el universo
como un relicario
infinito
que de
cantase miel

así el filósofo creó un espacio
que se ha vuelto zumbón
pura joda
purísima
más joda que otra cosa


(Mario Ortiz, fragmento, Cuadernos de Lengua y Literatura, Bahía Blanca, Vox, 2000)

paisaje 1

“Mi ojo tiene sus razones”

Creo que mi ojo tiene un arbitrario criterio de selección./ Obviamente hubo más paisaje alrededor, /imposible que sólo fuéramos ella y yo en el rompeolas.// Soy de repeticiones, como todos. Entonces puedo suponer que/ si hubo niebla/ le dije: botes en la bruma pueden ser sólo reflejos, espejismos,/ y le mencioné el antiguo haiku de Harumi:/ `Entre la niebla/ toco el esfumado bote./ Luego me embarco´./ Si hubo sol/ le tomé fotografías con el hueco de la mano y acaso la azoré/ diciéndole: posa con los senos hacia el viento./ Si pasaron gaviotas y ella las admiró, le recordé/ que eran aves carniceras y que únicamente su feo canto es honesto./ Mi ojo todo lo veía, no descartaba nada./ Entramos en el mar por el rompeolas de rocas cortadas. /Sobre una roca saliente ella recogió su falda/ y deslizó sus pies hacia el agua./ Sus muslos desnudos hallaron comodidad en la piedra.// Era particularmente raro / el contraste de su muslo blanco contra la roca gris: / su muslo era viviente como un animal dormido en el invierno, / la roca era demasiado corpórea y definitiva. // Hubiera querido inscribir mi poema en todo el paisaje, / pero mi ojo, arbitrariamente, lo ha excluido / y sólo vuelve con obsesiva precisión / a aquel bello y extremo problema de texturas: / el muslo / contra la roca".

(José Watanabe, El Huso de la Palabra, Lima, Segluso editores y Editorial Colmillo Blanco, 1989)